Agustín Casanova: “No sé qué va a pasar con Márama”

Antes del brindis de fin de año, Agustín Casanova se anima a un repaso brutal de los temas que lo involucraron a lo largo del 2017. Evalúa los agigantados pasos que dio en su carrera como artista pero también las polémicas que lo arrastraron, por ejemplo, a renunciar al programa más exitoso de la televisión. Responde a todo con naturalidad, acompañado por una guitarra que apenas hace sonar cuando surgen los temas más urticantes. Como si la música lo ayudara a suavizar los tragos amargos también en las entrevistas.

—Cerrás otro gran año profesional, ¿qué creés venís haciendo bien para que te sigan surgiendo oportunidades de crecimiento?

—Trabajé mucho por mí y por mi banda. A veces cuando no tengo muchas ganas de hacer algo, pienso que hay muchas familias que necesitan que generemos trabajo y salgamos adelante. Trabajar con buena energía y organizarse también son cosas que van llevando al éxito.

—¿Qué cosas creés que el público encuentra en vos que no ve en otros artistas?

—La música nuestra fue algo alegre y movido para bailar. El mundo necesita alegría. Y yo creo que siempre intenté llevar un buen mensaje a través de mis experiencias de vida. Siempre intenté ir por el lado del bien, y motivar a la gente para que cumpla los sueños. El público tomó eso.

—¿En algún momento le fallaste a tu público?

—Me equivoqué un millón de veces. Voy aprendiendo. Por ejemplo, antes decía que los papás tenían que ayudar a sus hijos a cumplir sus sueños porque así iban a conocer la felicidad. Pero cuando yo llegué a cumplir mi sueño, no conseguí la felicidad. Me di cuenta de que estaba mintiendo. Después empecé a entender que la felicidad está adentro de uno, incluso durante el trayecto hacia la meta.

—¿Hubo una etapa de este proceso en la que no disfrutabas lo que te estaba pasando?

—Al principio, cuando pasó lo de Márama, yo pensaba “ya cumplí, ¿y ahora?”. Caí en una crisis existencial. Me empecé a hacer más preguntas y me sentía cada vez más inestable. Pensaba que mi sueño era ser cantante melódico, no cantar cumbia. Con el tiempo entendí que lo que había pasado es que se había expandido mi conciencia por una maduración muy rápida. En tres años capaz que viví más emociones que las que vive una persona normal en toda su vida. Cuando me puse más en contacto con la meditación entendí que mi objetivo es ser comunicador, no cantante. Ser cantante es una herramienta que me dio la vida para transmitir un mensaje. De todos modos todavía hay momentos en los que me siento inestable, como que no me conozco. Pero eso es porque todavía no termino de conocerme a mí mismo.

—¿Cómo se manifiesta esa inestabilidad?

—A veces me despierto y siento como que no soy yo. Mi cuerpo anda, camina y se va a dormir pero es como si otra persona fuese la que está viviendo mi vida. Hay días que me acuesto y no sé lo que pasó. Por eso medito mucho: para adquirir la conciencia del aquí y ahora, estar en el presente.

—¿Cómo ha impactado en tu personalidad estar tres años recibiendo elogios permanentemente?

—Al principio era como un combustible. Precisaba saber que era importante para alguien y no quería que eso terminara nunca. Ahora me gusta que me digan esas cosas pero sé que no me voy a entristecer el día que esos mensajes no estén. A todo el mundo le gusta que lo elogien pero a mí no me interesa que me estén diciendo que soy lindo todo el tiempo. También intento escuchar a los que me hacen críticas constructivas. En la banda siempre fui muy abierto a las opiniones de todos.

—¿Qué fue lo que más te costó aprender en este proceso?

—Profesionalizarme como artista. Saber que cuando termina el show tengo que descansar y comer bien, y estar pensando en armar un espectáculo cada vez más estructurado y menos espontáneo para que sea de nivel internacional. Me preocupo por incorporar cosas que ayuden a mi profesión, aprendo fotografía, algún instrumento…

—Has contado que por Márama has pasado tus cumpleaños solo, ¿te sigue pesando la soledad?

—Sí, hay mucha soledad en esto. Es de las peores cosas que uno sufre. Es feo estar un cumpleaños solo, o saber que no vas a poder estar para el cumpleaños de tu familia. Estoy rodeado de compañeros de trabajo pero yo solamente no me siento solo cuando estoy con mi familia y los cuatro amigos que tengo en los que puedo confiar todo. Ahora me fui a vivir a Argentina y no tengo a nadie que venga a casa a hablar o jugar a las cartas.

—Mirando hacia atrás, ¿cuál identificás como el momento en el que cambió tu vida?

—Varios shows. El primero fue el del Gran Rex. A partir de ahí fue todo diferente. Ese día vi que estaban vendiendo cosas en la calle con mi cara. Era rarísimo. Yo salí especialmente a caminar y ver los gorritos. Era muy loco, me quería comprar todo.

¿Qué te motivó a iniciar un proyecto solista al margen de Márama?

—Estoy en un momento en el que me quiero renovar como artista. No quiero quedarme por ahí. Algo interno me dice que ya cumplí un ciclo y que es momento de hacer algo nuevo. Por ahora estoy haciendo las dos cosas. Canto como Márama y hago shows acústicos como Agustín Casanova. La misma fe que tenía cuando pensaba que Márama iba a funcionar es la que tengo ahora al pensar que esto también puede funcionar. Si Márama sigue, puedo seguir como Márama y al mismo tiempo hacer cosas como solista.

—Estas semanas circlularon versiones de que Márama se podría disolver, ¿de qué depende que siga o no?

—Depende de la vida…

—¿Si dependiera de vos?

—A mí me gustaría seguir tocando en Márama mucho tiempo más pero también entiendo que la banda cumple un ciclo y quiero mutar hacia lo que me puede gustar más. Además, en Márama somos tantas personas que la toma de decisiones y la organización se complica. Por ejemplo, si había que sacarse fotos o hacer prensa teníamos que coordinar entre todos. Ahora siento que puedo hacer lo que quiera y eso me da más seguridad.

—¿Cómo tomaron los músicos esta decisión?

—Ellos fueron los primeros en incentivarme a hacerlo. Los técnicos y los músicos me apoyaron. Yo les dije que hoy o mañana Márama puede separarse o no, pero a mí me gustaría que siguieran tocando conmigo. Se los propuse formalmente a todos, y todos dijeron que sí. No tuvieron dudas porque somos como una familia.

—¿Y qué pasa con Pablo Arnoletti y Alejandro Vázquez, las otras dos caras de Márama?

—Alejandro es el hermano de Fer (Vázquez), así que me imagino que va a estar en Rombai o en algún proyecto de él. Y Pablo creo que tiene contrato de imagen. Yo estaría de acuerdo en que también participe en mi otro proyecto pero es algo que tiene que resolver otra gente.

—Hablás de Márama como si ya se hubiera terminado.

—Yo creo que Márama va a seguir sonando mucho tiempo pero que yo toque en Márama es distinto. Capaz que se disuelve. No sé qué va a pasar con Márama. No se sabe si va a seguir como está, si va a seguir con otra gente. Es todo muy incierto. Estamos organizando todo para que sea de la mejor manera. En este tiempo se va a saber. Hay muchas cosas que manejan y saben solamente los representantes y Fernando (Vázquez), que es el creador de Márama. Yo a veces me quedo por fuera y me tengo que adaptar.

—¿Cómo está tu relación con Fernando?

—No estamos hablando mucho. Yo le dije que iba a empezar a hacer cosas como Agustín Casanova y él dijo que no había problema.

—¿Él es tu socio?

—Él es dueño de Márama. Yo trabajo para él, aunque tengo una parte. Gano una parte económica de la banda pero él es el creador y es el que tiene el nombre. Muchas cosas pasan más por él que por mí, por eso a veces me cuesta decidir algunas cosas. Como solista puedo tener más libertad.

—¿Qué decisiones toma él?

—Él no se mete en la parte artística, va por otro lado.

—Ángel De Brito tuiteó: “Los cantantes se pelearon por el representante y por cinco palos verdes”. Muchos apuntaron a ustedes, ¿qué hay de cierto?

—Está totalmente desmentido. Me encantaría estarme peleando por cinco millones de dólares pero no hay (risas).

—¿Cómo es tu relación con los ex Márama, en particular con Marcos Ifrán que lanzó su propio grupo?

Marcos se fue, tomó su camino y ya no siguió la relación con nosotros. Él se separó y no quiso hablar mucho más. Nosotros lo aceptamos y lo apoyamos, pero la relación se cortó. Con Martín (Zina) ahora tampoco seguimos hablando pero está todo bien, vino a un ensayo y lo invitamos a tocar con nosotros. A Danny Muller sí lo seguimos viendo porque es amigo de muchos de la banda.

—Ahora estás grabando para la tira Simona que produce Pol-ka, ¿cómo llegó esa oportunidad?, ¿la buscaste?

—No, nunca pensé que me iban a llamar para actuar. Llegó la llamada mágicamente. Nunca hice teatro ni nada parecido, pero me está yendo mejor de lo que esperaba. Los rodajes son divertidos y hay muy buena energía. Lo difícil es que al lado mío hay un elenco muy groso. Veo la escena terminada y digo “se nota que yo no actúo…”.

—¿Te ha pasado de ver la escena terminada y que no te convenza tu trabajo?

—Intento hacer lo mejor que pueda. Generalmente no me convence (risas). Lo que más me cuesta es cuando hay escenas de emociones fuertes como peleas o enojos. Me cuesta no reírme. En las escenas que son más de bromas me siento más cómodo porque yo soy más así.

—¿Ya tuviste que dar un beso en alguna escena?

—Una vez. Es raro. No es por hacerme el profesional, pero no se siente nada. Es como dar la mano. Capaz que lo hice muy mal (risas). No tiene nada que ver a cuando realmente querés darle un beso a alguien. Es trabajo, no hay pasión.

—¿Ahora estás enamorado?

—Ahora estoy separado pero sigo enamorado. Me enamoré de Sofía (González) y estoy pasando por un proceso complicado. En Argentina estoy muy solo entonces todo se hace más difícil. Me dicen que es cuestión de tiempo pero por ahora viene difícil la mano.

—¿La seguís viendo?

—Sí porque la relación es buena. No hubo una pelea sino una separación por otras cosas que se sabrán en un futuro o no. Además yo soy amigo de su familia. Nos distanciamos en el amor pero está todo bien.

—Cuando se supo de tu noviazgo decías que te preocupaba que la exposición perjudicara a la pareja, ¿terminó pasando eso?

—Sí pero no fue el motivo de la separación. La exposición llevó la relación a cosas innecesarias. A Sofi le afectaba mucho y llegaba a casa con una tristeza que me contagiaba a mí. Había mensajes de fans en contra de ella pero no había remedio porque los dos estábamos en el programa más visto de Latinoamérica. Yo le había dicho que podía pasar eso y pasó.

—¿Por qué explotaste aquel día en Showmatch, cuando discutiste con el jurado, le dijiste “mala persona” a Ángel De Brito, te fuiste llorando y terminaste renunciando?

Exploté porque me había separado esa misma noche. Pedí por favor si por esa noche podía no pasar nada y pasar desapercibido. Fue peor. Sé que Marcelo (Tinelli) me quiso cuidar porque no me preguntó nada pero por otros lados empezaron a buscar algo. Ángel (De Brito), por ejemplo, empezó a hacer preguntas y yo ya vi para dónde iba. Si ese día no me hubiese separado, me hubiera reído como siempre, pero me sentía tan mal que respondí. Me afectó haber pedido especialmente que no me preguntaran nada y que pasara todo lo contrario. Yo ya estaba vencido emocional y mentalmente. No me quería enojar ni desubicar, pero quise decir lo que pensaba. Y sigo pensando lo mismo de Ángel De Brito. Está todo bien, pero es la imagen que yo tengo de él. Si me lo pregunta se lo vuelvo a decir.

—¿Y qué te pasa cuando te ves en esa situación en el programa?

—No me gusta. Cuando salí del programa me puse a llorar por eso, no era por la pelea ni por la separación. A la salida lloraba por verme a mí en ese estado. Pensaba “¿por qué caí en esto?”. Me desilusioné de mí mismo.

—Se te veía muy angustiado en esas imágenes cuando te ibas del estudio…

—La salida fue muy difícil. Yo estaba llorando y los noteros seguían con la cámara prendida poniéndome el micrófono en la cara. Entiendo que es el trabajo de parte del periodismo pero yo siento que si estuviese en su lugar, no le seguiría pegando a alguien que veo que está en el piso. Yo los miraba como diciendo “¿qué esperan de mí?”, “¿qué quieren lograr al seguirme filmando mientras lloro?”. Luis Piñeyro (Este es el show) veía que yo estaba destruido y me filmaba y me preguntaba “¿por qué estás así?, ¿te separaste?”. Yo no lo podía creer porque habíamos tenido muy buena relación por mucho tiempo. Eso nunca se lo voy a poder perdonar.

—¿Qué fue lo determinante para que después de ese episodio resolvieras renunciar al programa?

—Me fui porque cuando salí llorando del estudio a nadie le importó lo que me pasaba. Nadie vino a preguntarme cómo estaba o a decirme “salí por acá”.

—¿Esperabas que la producción te cuidara más en ese momento?

—Por lo menos. Yo sé que ellos dominan mucho ahí. La razón por la que me fui es esa.

—¿No te arrepentiste después?, ¿ni siquiera cuando tu compañera Flor Vigna resultó campeona del concurso?

—No, nunca me arrepentí. A mí por lo único que me podía interesar ganar en Showmatch era porque sabía que cumplíamos el sueño de la gente a la que representábamos. Yo después me contacté con ellos para decirles que estaba para lo que necesiten. Flor quería cumplir el sueño pero también buscaba la satisfacción propia de ganar porque es competitiva. Yo no. Era un concurso de baile y a mí eso no me afectaba.

—¿De qué te gustaría hablar en una nota a fines de 2018?

—Quisiera contar que volví a vivir en Uruguay. Argentina me encanta y lo disfruto pero quiero estar con mi familia y mis amigos. Y espero tener mucho éxito en la música, sea como Agustín Casanova o Márama. Lo importante es estar feliz en cualquier rubro artístico, que es la forma de la que me expreso mejor.

Nota: Sábado Show

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